lunes, septiembre 14, 2026

Frases inspiradoras para dedicatorias de libros


Si eres autor DEDICATORIAS para libros
siempre dispuesto a explorar otros mundos a través de la mirada poética


"Para ti, que haces que la vida se lea con entusiasmo y cada página tenga sentido”

 ue este libro te acompañe como tú me acompañas: con cariño, alegría y lealtad”

 "A ti, que con cada conversación escribes capítulos memorables en mi historia”

 "Para el amigo que nunca deja de soñar ni de ayudar a los demás a hacerlo”


Frases de gratitud y afecto

"Gracias por estar presente, incluso cuando no necesitas decir una palabra”

 "Tu amistad es como un buen libro: rara, valiosa y llena de momentos inolvidables”

 "Este libro es un pequeño reflejo del aprecio inmenso que tengo por ti”

 "Por todas las páginas que hemos vivido juntos y las que aún nos esperan”

 "A ti, que transformas los días comunes en historias extraordinarias”

  

Frases poéticas y profundas

"Tu amistad es el verso que da ritmo a mis días. Que este libro sea música para tu alma”

"Entre páginas y silencios, tu presencia siempre ha sido mi mejor historia”.

"Este libro es solo una excusa para recordarte que tu existencia es literatura viva”

Frases alegres y divertidas

"Para ti, que haces que hasta los días grises tengan subtítulos de comedia”

"Si nuestra amistad fuera un libro, sería de aventuras, con capítulos de risas y finales felices”

"Este libro no tiene chistes, pero tú sabrás encontrarlos. ¡Como siempre!"

 

Frases reflexivas y motivadoras

"Que cada página te recuerde lo lejos que puedes llegar cuando crees en ti”

"Este libro es un espejo: espero que en él veas todo lo que admiro de ti”

"A ti, que conviertes cada obstáculo en una oportunidad. Que esta lectura te impulse aún más”

 

Frases breves, pero con impacto

"Tu amistad es mi mejor capítulo”

"Gracias por ser parte de mi historia”

"Este libro es un abrazo en palabras”


Frases con estilo literario

"Como dijo Borges, 'la amistad no necesita frecuencia, el amor sí'. Gracias por estar, incluso en el silencio”

"Tu amistad es como un buen libro: cada relectura revela algo nuevo y valioso”

"Eres ese personaje secundario que se convierte en protagonista en mi historia personal”

"Como escribió Saint-Exupéry, 'lo esencial es invisible a los ojos', pero tu amistad es imposible de no sentir”

 

Frases con tono clásico y elegante

"A ti, que con tu presencia haces que cada página de la vida tenga sentido”

"Este libro es un tributo a la complicidad que compartimos, escrita entre líneas y risas”

"Tu amistad es el prólogo perfecto para cada aventura que me atrevo a vivir”

"Que este libro sea un espejo de lo que tú ya eres: inspiración, fuerza y ternura”

 

Frases con referencias literarias sutiles

"Como en los cuentos de Cortázar, tu amistad aparece en los momentos más inesperados y mágicos”

"Eres como ese verso de Benedetti que uno guarda en el bolsillo para los días grises”

"Si la vida fuera una novela, tú serías el capítulo que nunca quiero que termine”

 

En los comentarios puedes dejar la tuya,

la añadiremos a estas con tu nombre.


10 sept 2026
Mi pregunta "sin respuesta":
*¿Qué harías hoy si no tuvieras miedo?*


 Agruparlas por estilo: líricas, alegres, reflexivas o con referencias literarias.




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Los Símbolos Desnudos: Hacer un árbol con un trozo de madera

 Los Símbolos Desnudos: Hacer un árbol con un trozo de madera

 

Quizá descubras que lo sagrado ha estado siempre en tus manos.

Poesía es poner delante algo nuevo

hacer un árbol con un trozo de madera

 

Un cuerpo de palabras sin ornamento, que se alza como gesto de vacío. No busca una belleza dócil, sino la libertad que arde en los símbolos, esa grieta donde la promesa se vuelve verdad o sombra.

  

Observa, pues, que la creación, la creatividad,

no necesita grandes recursos, solo intención y propósito.

  

Autor: Alonso de Molina

 Prólogo: Libertad González

Editorial: De Sur a Sur Ediciones (España)

 

https://www.amazon.es/dp/B0G2HHG8PV



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sábado, septiembre 12, 2026

Hacer bien sin mirar a quién ¿Hacer bien incluso para las personas equivocadas?


Hacer el bien sin mirar a quién Hay frases que heredamos sin preguntarnos demasiado qué esconden: “haz el bien y no mires a quién”. 
La hemos escuchado tantas veces que parece innecesario discutirla. Suena limpia, generosa, casi incontestable. Haz el bien porque sí. No preguntes quién lo recibe, qué ha hecho, si lo merece, si te lo agradecerá. Hazlo y sigue tu camino. 
Pero quizá haya una pregunta que la frase no ha tenido en cuenta:
¿Y si el que estaba equivocado era yo? 
Porque hacer el bien también puede equivocarse de destinatario. No necesariamente porque el otro sea malo. Tampoco porque nosotros seamos ingenuos. A veces sencillamente confundimos bondad con disponibilidad, perdón con ausencia de límites, ayuda con obligación, amor con permanencia. 
Y podemos pasar años haciendo el bien a alguien que ha aprendido a vivir de nuestro bien. 
Entonces la bondad empieza a adquirir una forma extraña. Ya no sabemos si estamos ayudando o sosteniendo.
Si estamos perdonando o permitiendo.
Si estamos amando o evitando una despedida.
Quizá lo más difícil no sea hacer el bien.
Quizá sea discernirlo. Descifrarlo, digerirlo… 
Porque juzgar al otro es relativamente fácil. Basta con colocarlo en el lado de los que merecen o no merecen. Pero el discernimiento (sensatez, cordura…) exige algo bastante más incómodo: mirarnos a nosotros mismos. 
¿Por qué ayudo?
¿Porque puedo?
¿Porque quiero?
¿Porque el otro lo necesita?
¿O porque necesito sentirme necesario?
 Estos interrogantes cambian completamente las cosas. 
Hay ayudas que hacen al otro más libre y ayudas que lo vuelven dependiente. Hay perdones que abren una puerta y otros que simplemente dejan abierta la misma herida. Hay silencios que respetan y silencios que esconden cobardía. 
Y ninguno de nosotros está a salvo de confundirlos. 
Por eso quizá discernir no consista en descubrir quién tiene razón, sino en observar qué estamos haciendo posible con nuestros actos. 
Si mi bondad permite al otro levantarse, quizá sea bondad. Pero, si mi bondad permite al otro seguir pisándome, quizá tenga que preguntarme qué c¬-ñ- estoy haciendo. 
No para castigarle, pero en todos los casos, para no traicionarme a mí mismo. 
Porque existe una forma de generosidad que puede terminar siendo una renuncia a uno mismo. Y entonces aparece una frontera delicada, aquella en la que dejar de hacer algo por alguien no nace del rencor, sino del respeto. Sobre todo, respeto, hacia uno mismo. 
Nos han enseñado que decir “no” puede ser egoísmo. No obstante, algunas veces sea exactamente lo contrario. 
Tal vez decir “no” sea la manera más honesta de impedir que nuestra ayuda siga alimentando aquello que precisamente queríamos evitar. 
Y aquí la vieja frase comienza a tambalearse.
Haz el bien y no mires a quién.

 ¿De verdad no hay que mirar al sujeto de nuestro acción?

Quizá sea preciso mirar. Mirar al otro, sí. Pero también mirarnos a nosotros. Y, sobre todo, mirar las consecuencias. Observar qué ocurre después de nuestro gesto. 
Mirar si aquello que ofrecemos es recibido como un regalo o convertido en un derecho. Mirar, incluso, si estamos dando libremente o si en el fondo esperamos algo que jamás nos hemos atrevido a pedir. 
Porque, ¿acaso la bondad es necesariamente ciega? Quizá no tanto. Ve al otro y se ve a sí mismo. Y acepta que puede equivocarse. 
Esta última condición, la de equivocarse me parece fundamental. El discernimiento, la sensatez… no nos garantiza acertar. No existen fórmulas que nos permitan conocer de antemano quién merece nuestra ayuda, quién cambiará, quién volverá a herirnos o quién utilizará nuestro perdón para reincidir. 
Podemos equivocarnos haciendo el bien.
Pero también podemos equivocarnos negándolo. 
Y eso, de alguna manera, nos regresa al principio: ¿hacer bien sin mirar a quién? 
¿Y si el que estaba equivocado era yo?
Quizá por eso convenga desconfiar tanto de quien se considera siempre bueno como de quien considera siempre culpable al otro. 
La bondad necesita humildad.
Necesita aceptar que a veces ayudamos cuando deberíamos apartarnos y que otras veces nos apartamos precisamente cuando alguien necesitaba que permaneciéramos. 
No se trata, entonces, de hacer el bien sin mirar a quién. Ni siquiera de mirar al otro para decidir si lo merece. 
Se trata de mirar.
Mirar antes.
Mirar después.
Mirar adentro. 
Y tener el valor de preguntarnos, aunque duela: ¿estoy haciendo el bien porque es bueno hacerlo, o porque necesito creer que soy bueno? 
Quizá esta sea la frontera. Porque cuando la respuesta nos incomoda, todavía estamos a tiempo. Y si no encontramos respuesta... ejem, siempre nos queda mirar al techo. 
Aunque, por experiencia, sospecho que hasta el mismo techo termina haciéndonos preguntas: “Siempre nos queda mirar al techo”. 

Y sí, cuanto más lo pienso, más me gusta el techo que el suelo para esta cuestión, porque mirar al techo es ese gesto universal que hacemos cuando ya no sabemos qué hacer con nosotros mismos. No es dormir. No es pensar exactamente. No es rendirse. Es quedarse quieto mientras la cabeza sigue trabajando. 
El techo se convierte en una especie de confesionario sin sacerdote. Allí hemos repasado conversaciones, decisiones, amores, errores, injusticias, cosas que dijimos y cosas que debimos decir. Y, sobre todo, hemos pronunciado mentalmente esa frase que todos decimos y nadie escucha: 
“¿Y ahora qué coño hago?” 
Y hay algo precioso en que este artículo ensayo termine ahí. Después de hablar de bondad, límites, discernimiento, culpa, generosidad, equivocaciones... no tenemos una conclusión. 
Tenemos un techo. Y quizá eso sea muy nuestro, muy humano: después de pasarnos la vida intentando encontrar respuestas, acabamos tumbados mirando una superficie blanca, esperando que por algún milagro aparezca, si no una respuesta, al menos alguna objeción. Y lo cierto es que el techo no responde. 
Por eso yo conservaría exactamente:
—Y si no encontramos respuesta...
—Siempre nos queda mirar al techo. 
Creo que este ensayo pide no resolver demasiado pronto la contradicción. Que empiece en la bondad y termine dejándonos delante de nosotros mismos, si es posible con humor, ternura y derrota a partes iguales.

Imagen: pxby

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jueves, septiembre 10, 2026

Preguntas sin respuesta

Preguntas que no exigen una respuesta, porque quizá la respuesta las destruiría. Preguntas para caminar con ellas, para dejarlas francas, abiertas como quien deja una ventana entornada o una puerta entreabierta.

Sí, preguntas que, de alguna manera, a todos, nos interesan. Preguntas entre el silencio, la existencia y esa incómoda interrogación que a veces nos hacemos: qué demontre[1] estamos haciendo aquí. 

01. ¿Quién seríamos si nadie nos estuviera mirando?

02 ¿Cuántos de nosotros permanece cuando dejamos de nombrarnos?

03. ¿Y si aquello que buscamos ya no existiera?

04. ¿Dónde termina el silencio y empieza lo que no sabemos decir?

05. ¿Cuántas veces hemos confundido avanzar con alejarnos?

06. ¿Qué parte de nosotros vive todavía en quien fuimos?

07. ¿Puede perderse algo que nunca supimos que teníamos?

08. ¿Y si la respuesta necesitara que dejáramos de preguntar?

09. ¿Cuánto pesa aquello que nunca ocurrió?

10. ¿Quién recoge lo que dejamos de ser?

11. ¿Hay lugares a los que solo podemos llegar después de perdernos?

12. ¿Qué queda de una herida cuando deja de doler?

13. ¿Y si recordar fuera otra forma de inventar?

14. ¿Cuánto silencio hace falta para escuchar una ausencia?

15. ¿Somos quienes elegimos ser o quienes no pudimos evitar ser?

16. ¿Qué hacemos con aquello que no tiene nombre?

17. ¿Cuándo deja uno de buscar y empieza, simplemente, a encontrarse? 

18. ¿Puede una pregunta convertirse en certeza?

19. ¿Y si vivir consistiera solamente en aprender a despedirse?

20. ¿Qué parte de nosotros sabe hacia dónde vamos?

21. ¿Hay algo más verdadero que aquello que no podemos explicar?

22. ¿Quién seríamos sin nuestra propia historia?

23. ¿Cuánto de lo que llamamos destino fue simplemente miedo?

24. ¿Y si no hubiera nada que comprender?

25. ¿Qué sucede cuando ya no necesitamos llegar a ninguna parte? 

26. ¿Qué pregunta nos acompañará cuando ya no necesitemos respuestas? 

27. Qué demonios, qué demontre, qué diablos, qué co_o… estamos haciendo aquí? 


A veces, lo que más pesa no es lo que nos hicieron,

es lo que nunca nos hicieron

Es una verdad muy profunda y dolorosa. La ausencia de lo que necesitábamos —el abrazo que nunca llegó, las palabras de validación que jamás escuchamos o el cuidado que nos faltó— a menudo deja una huella más profunda que un daño directo.

Lo que nos hacen nos genera una herida visible, algo contra lo que podemos enfadarnos o defendernos. Sin embargo, lo que nunca nos hicieron nos deja un vacío. Es el peso de la indiferencia, de la negligencia o de la falta de amor, que nos hace crecer preguntándonos si el problema éramos nosotros. Ese vacío es silencioso, pero se vuelve una carga enorme porque nos obliga a procesar la falta de algo que merecíamos recibir.

 

¿Qué pregunta nos acompañará cuando ya no necesitemos respuestas?

Hummm... resolveremos esta cuestión en una próxima entrada 



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domingo, septiembre 06, 2026

Tipos de aceitunas para aperitivo



Es domingo, playa, tapeo en chiringuito, a ver qué tal se nos da tal día como hoy. Esta es mi propuesta.

 

Tipos de aceitunas para aperitivo
una guía clara, sabrosa y útil de tipos de aceitunas perfectas para picar. Abro abanico para que elijas según humor, compañía y cerveza disponible.

 

Clásicas que nunca fallan
•Manzanilla — La reina del bar español. Carne firme, sabor suave, admite aliños infinitos.
•Gordal — Grande, carnosa, casi un bocado en sí misma. Ideal rellena (anchoa, pimiento, almendra).
•Cacereña — Pequeña, sabrosa, con ese punto rústico que pide pan y charla.
Para quien quiere chispa
•Chilena / Picante — Manzanillas o gordales aliñadas con guindilla. Levantan el ánimo y la conversación.
•Aliñadas estilo andaluz — Con ajo, orégano, pimentón y limón. Frescas, aromáticas, muy de terraza en Retamar.
Aromáticas y de sabor profundo
•Arbequina — Pequeñita, dulce, mantequillosa. En aperitivo es delicada y elegante.
•Empeltre — Suaves, afrutadas, casi dulzonas. Perfectas para quien no quiere amargor.
•Hojiblanca — Más intensa, con ese toque vegetal que combina de maravilla con queso curado.
Negras para los que buscan carácter
•Negras de Aragón — Potentes, con amargor noble. Buenísimas con vino tinto o vermú.
•Negras naturales (no teñidas) — Más blandas, sabor profundo, casi ahumado.
Aliños que elevan cualquier aceituna
•Ajo + limón + orégano
•Pimentón + comino + laurel
•Naranja + tomillo
•Guindilla + vinagre suave
•Aceite bueno + hierbabuena (sí, funciona) 
Selección ideal para un aperitivo de verano, según lo que tengas en casa o el estilo que quieras darle: clásico, picante, gourmet o para “que se queden todos callados unos segundos”. 
Personalmente en este momento elijo la Gordal con anchoa, pimiento, almendra y lo que se antoje al cocinero para sorprender a la hambrienta concurrencia. 
Elección maestra, pura poesía gastronómica. La Gordal es como una actriz principal: grande, segura, con presencia. Y tú le estás montando un elenco de secundarios que la convierten en escena memorable.
Déjame imaginar el plato como si lo estuvieras sirviendo ahora mismo en una mesa de terracita junto al mar, con la concurrencia hambrienta mirando de reojo. ¡Eres el protagonista!

 

Propongo un aliño que convierte esa aceituna en un bocado que hace silenciar a toda la mesa:
•Anchoa: el golpe salino que despierta el paladar.
•Pimiento rojo asado: dulzor y humo, como una caricia.
•Almendra frita: crujido inesperado, casi travieso.
•AOVE de Hojiblanca: verde, fresco, con ese punto picante que firma el conjunto.
•Ralladura de limón: un destello que levanta el ánimo.
•Orégano fresco: perfume mediterráneo que abraza todo.
•Un toque de guindilla (opcional): para que alguno diga “¡ojo, que esto tiene carácter!”.

Mezclas, reposas 30 minutos, sirves frío… y ya tienes a la concurrencia mirando la bandeja como si fuera un tesoro recién descubierto.

Efecto en la mesa
La Gordal rellena así no es un aperitivo: es una presentación en sociedad. La gente se calla, prueba, mira al cocinero y piensa: “Este tío hoy ha venido a lucirse”. 
Pero lo voy a decir algo más fino: estas recetas no son para grabárselas en los brazos… son para grabárselas en el alma del cocinero, porque cuando una Gordal rellena sale perfecta, la mesa se convierte en un pequeño templo y la concurrencia en feligresía hambrienta.

 

Vamos a elevar la idea con un toque de banner culinario:
La Gordal tatuada en el antebrazo del chef
•Anchoa: línea fina, como un trazo de tinta.
•Pimiento asado: sombra roja que da carácter.
•Almendra frita: punto blanco que ilumina el dibujo.
•AOVE verde: el brillo que hace que el tatuaje parezca recién hecho.
•Limón y orégano: los detalles que solo se ven de cerca.
•Guindilla opcional: el toque gamberro, como un guiño escondido.
Cada vez que el cocinero prepare la bandeja, será como repasar su propio tatuaje, recordará quién es, por qué cocina y para quién.
Y, cómo no, la concurrencia…
La concurrencia no sabe nada de tatuajes, pero sí sabe de milagros, cuando prueban la Gordal así, sienten que alguien ha pensado en ellos. Y eso, amigos, es el verdadero arte.

MANTRA DEL COCINERO PARA LA GORDAL RELLENA
(versión especial no fallar jamás)
GORDAL + ANCHOA + PIMIENTO + ALMENDRA AOVE* verde Limón rallado Orégano Guindilla opcional.
*Aceite de Oliva Virgen Extra, la categoría más alta dentro de todos los aceites de oliva.
Mantra (recitar lentamente con la mesa en silencio)
Salino... dulce... crujiente... fresco... 
Tras el mantra mezclar, reposar, servir frío. 

Y, por otro lado, la ensalada que le pega muy bien a este aperitivo. Propongo tres opciones ultracortas, para que los invitados elijan sin pensárselo mucho: 
1. Ensalada Fresca de Patio Andaluz
Tomate bueno + cebolla tierna + pepino + AOVE + vinagre suave + orégano. (La clásica que nunca falla). 
2. Ensalada Verde con Toque de Cítricos
Lechuga crujiente + naranja + cebolla morada + almendra + AOVE + limón. (Ligera, elegante, combina perfecto con la Gordal).
3. Ensalada Canalla
Rúcula + parmesano + tomate seco + aceituna negra + AOVE + balsámico. (Más carácter, para mesas que vienen con hambre y ganas.)
De elegir yo, elegiría la Canalla o Patio Andaluz. la Canalla es todo una tentación muy tentadora, no obstante, me da más confianza gastronómica la de Patio Andaluz, pero, ¡ya sabes, la tierra tira y empuja!

¡Buen provecho!


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viernes, septiembre 04, 2026

“Buen día” frente a “Buenos días”: el pequeño terremoto de un saludo


“Buen día” frente a “Buenos días”: el pequeño terremoto de un saludo

Hay revoluciones que no hacen ruido. No llevan pancartas, no salen en los telediarios, no incendian tertulias ni se hacen eco de tensiones provocados por iniciativas migratorias como es el caso de esas 72.000 personas que cruzaron de manera irregular, entre el 30 y el 31 de julio del presente 2026, la frontera desde Marruecos a España, concretamente a la ciudad de Ceuta y aún hoy -tres de septiembre- continúan en su asentamiento.

No obstante, hoy hablamos de otro tipo de revoluciones. Concretamente de revoluciones domésticas, casi invisibles, que se cuelan en la lengua como quien se cuela en una fiesta: sin invitación, pero con desparpajo.

Una de ellas es esta: cada vez más gente dice “buen día” donde antes casi todos decían “buenos días”.

Puede parecer una tontería, pero en el mundo de las palabras las tonterías suelen ser señales. Y esta, en concreto, apunta a un cambio de sensibilidad, de ritmo y de geografía cultural.

Un saludo que se afina

No obstante, “buenos días” es un saludo clásico, plural, generoso, reparte la bondad en varias unidades de tiempo, como quien ofrece un puñado de fruta para saciar la sed, el hambre o ambas cosas; en cambio, “Buen día”, es más afilado, más directo, más minimalista. Un solo día, pero que sea bueno. Una especie de deseo concentrado en una frase de tan solo dos palabras.

La pregunta es: ¿por qué está creciendo? Y más aún, quién lo ha empujado?

La influencia que cruza océanos

La primera pista viene del otro lado del Atlántico. En muchos países de América Latina, “buen día” es habitual desde hace décadas. Con la globalización cultural —series, música, redes, migraciones— ciertas fórmulas empiezan a viajar sin pasaporte. Se instalan. Se normalizan. Y un día, sin saber cómo, ya están en la barra del bar de tu barrio.

La lengua, lo sabemos bien, es una esponja: absorbe lo que oye.

La economía del lenguaje

Otra fuerza en juego es la tendencia natural a acortar. Vivimos en un mundo donde todo se comprime: los mensajes, los tiempos, las frases. “Buen día” es más rápido, más limpio, más ejecutivo. En los correos y comunicaciones profesionales suena neutro, internacional, casi corporativo. Muchas empresas lo adoptan sin pensarlo, y sus empleados lo replican.

Por otro lado, y lo más significativo, la lengua, además de esponja, es contagiosa.

El efecto imitación

No hace falta un académico para cambiar un saludo. Basta que dos personas en un entorno empiecen a usarlo. Luego tres. Luego cinco. Y de pronto, cuando te das cuenta, tú mismo lo dices sin saber por qué.

Las fórmulas de cortesía funcionan como los memes, ya sabes esas frases para hablar de la vida diaria, el trabajo o la política que se propagan por imitación, antes de boca a oído, hoy por los algoritmos de las Redes Sociales,: Facebook, Tik Tok y tantas otras.

No obstante, ¿qué perdemos? ¿qué ganamos?

“Buenos días” tiene un aire cálido, tradicional, casi doméstico, familiar. Es el saludo de la panadería, del vecino que riega las plantas, del camarero que te conoce. “Buen día” suena más frío, más de pasillo de oficina o de mensaje escrito.

Y no, no es que uno sea mejor que otro: simplemente suenan distinto.

La lengua como sismógrafo

Este pequeño desplazamiento no es casual. La lengua registra movimientos sociales, culturales y afectivos. Cuando cambia un saludo, cambia algo más profundo: la manera en que nos situamos frente al otro, el tono con el que abrimos el día, la música con la que empezamos la conversación.

Quizá por eso resulta difícil precisar quiénes han impulsado esta tendencia y por qué vías se ha difundido.

No obstante, es difícil precisarlo, las revoluciones lingüísticas no tienen líderes, se repiten y resuenan como ecos.

Y tú, lector, qué dices?

¿Eres de “buenos días” o de “buen día”? ¿de plural generoso o de sobrio singular? ¿De tradición o de síntesis?

En todos los casos, sea cual sea tu bando, lo importante es que la lengua siga viva, inquieta, respirando. Que siga bostezando, pero con ganas de despertar.



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lunes, agosto 17, 2026

La poesía no inventa la verdad, la desvela


¿La poesía está de moda o la sociedad busca un nuevo refugio?

La frase inicial ya marca el territorio:

“La poesía no sirve para nada, gracias a dios, pero es indispensable”.

 

Ahí está todo: inutilidad fértil, resistencia, respiración. Lo que llamamos “moda” es, en realidad, un síntoma.

La poesía aparece cuando la sociedad no sabe qué hacer con su propio ruido. Cuando el lenguaje cotidiano se agota, la poesía entra como un ariete.

Pero está claro: cuando algo se vuelve visible, también se vuelve consumible. Y ahí empieza el riesgo:

•  la poesía como decorado

•  como marca personal

•  como estética de sensibilidad

•  como postureo emocional

•  No es que la poesía se esté aburguesando: es la sociedad la que intenta domesticarla para que no duela, para que no duela demasiado.

¿Ha pasado de ser un grito hacia dentro a un grito hacia fuera?

Antes:

La poesía era un cuarto cerrado, un espejo que devolvía sombras, un diálogo con lo que no se podía decir en voz alta.

Ahora:

La poesía se ha convertido en un escaparate, un espacio donde mostrar brillo, ingenio, sensibilidad performativa.

Pero ojo:

No es que la poesía haya cambiado.

Lo que ha cambiado es el lugar donde se pronuncia

 

En redes, el poema deja de ser un acto de introspección para convertirse en:

•  un gesto público

•  un reclamo de identidad

•  un “mírame sentir”

•  un “mírame pensar”

 

Y eso no es malo en sí mismo.

Pero sí plantea una pregunta incómoda:

¿Estamos escribiendo para comprendernos, para ser comprendidos o para ser aprobados?

La poesía, ya sea intimista, simbólica, social, experimental, metafísica... a mi modo de ver, no busca aplauso, busca fractura, eco, desorden, interrogantes, sentido...

Lo que realmente nos preguntamos

(y no lo decimos)

No preguntamos por la poesía en abstracto. Preguntamos por nuestro lugar en este paisaje.

Y la respuesta es clara: personalmente opino que poesía pertenece a la zona donde todavía se siente, donde todavía se arriesga, donde todavía se escribe para localizar una herida y no para exhibirla. Sin voz ornamental. Sin voz complaciente. Sin moda ni modismos ni modales...

Y a pesar de lo dicho, seguimos siendo conscientes, intuimos, sabemos que la voz del poeta es de las que incomodan, tal vez con galantería y ternura, pero incomoda. Sí, la voz del poeta es de las que desordenan con precisión, las que no buscan refugio ni acogida solemne, la voz del poeta solo busca verdad. De alguna manera Poesía es poner delante algo nuevo, La poesía no inventa la verdad, la desvela; de alguna manera, Poesía es poner delante algo nuevo.

Ya puestos en modo reflexión, podemos hacer dos cosas:

1.     Responder críticamente a esta reflexión

2.     Escribir tu propio libro de poesía que encaje con tu propia sensibilidad:

          •          intimista pero no desnuda
          •         simbólica pero no hermética
          •          social pero no panfletaria
          •          experimental sin artificio
          •         metafísica sin solemnidad.

     

Poesía es poner delante algo nuevo.

La poesía no inventa la verdad, la desvela.

Metapoesía es hacer un árbol con un trozo de madera.

 

Tuyo en la Poesía

Alonso de Molina




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martes, agosto 11, 2026

CÍRCULOS DE ARENA Y SAL

Al borde del abismo donde besa la espuma,

las frías madrugadas modelan la inquietud

de un corazón de arcilla que los años consumen

desvistiendo memorias de sal y de virtud.

 

En la cúspide oscura que ha ceñido el trueno

descansa la negrura sin oro y sin albor;

el ojo de la noche contempla insatisfecho

el latido profundo de un antiguo rumor.

 

Abajo, en semicírculo, temerario aun despliega

destellos de pureza en todo su color

sin esa piedra gris que el tiempo no sosiega

y el tono sonrosado que acarició el amor.

 

No son simples guijarros que arrastran las corrientes;

son fragmentos de historia que el mar quiso entregar,

pequeños firmamentos que aún brillan muy firmes

por tantos días de frente besados junto al mar.


Como a veces ya he dicho

no sé si soy piedra que quiere ser corazón

o tengo el corazón como una piedra.


---
Con todo mi amor
a ELLA que no se canse de moldear el corazón de esta empecinada piedra.



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lunes, agosto 10, 2026

Martes 11 agosto 18:00 España Mesa Internacional "El Vacionismo"


Martes 11 agosto 18:00 España
Mesa Internacional "El Vacionismo"

Luis Gilberto Caraballo
Caracas (Venezuela)
Diana Guemarez-Cruz
San Miguel de Allende (México)
Alonso de Molina
Almería (España)
Abrahám Chinchillas
Ciudad de México (México)
Sylvette Cabrera
San Juan (Puerto Rico)
Alberto Martínez Márquez
Bayamón (Puerto Rico)

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